“Los Amigos de Ellos Dos”: un espejo que refleja la cruda realidad sobre las apariencias y las grietas del matrimonio

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Anoche bajó el telón de “Los Amigos de Ellos Dos”, una producción de Ismael Almonte y Hony Estrella, bajo la dirección de Judith Rodríguez, con Vicente Santos como contraparte estelar de Hony Estrella.

Pero más que el cierre, lo que se despidió fue una conversación incómoda que la obra logró instalar en el público: ¿cuántas relaciones sobreviven a base de comparaciones?

La obra nos sumerge en la dinámica de Nicolás y Liza, una pareja que cada jueves cena con sus amigos Franca y Lautaro.

Lo que aparenta ser una tradición entrañable se convierte en un espejo incómodo: entre copas y conversaciones emerge la comparación constante, la envidia silenciosa y la frustración de no ser, ni vivir, como esos “amigos perfectos” que tanto admiran.

Vicente Santos luce inmenso en la piel de Nicolás, navegando con precisión entre el drama y un humor negro que arranca carcajadas sin restarle profundidad al conflicto.

Su interpretación sostiene el ritmo de la historia y permite que el público transite con naturalidad de la risa a la incomodidad.

Por su parte, Hony Estrella reafirma su veteranía sobre las tablas. Liza oscila entre la conformidad y una rebeldía contenida, con matices que anticipan el desenlace. Su construcción del personaje está cargada de intención, revelando las fisuras emocionales que se esconden detrás de una aparente estabilidad.

La química entre ambos es innegable y absorbente. Santos y Estrella dominan los silencios, los gestos y las pausas, moviéndose con soltura desde los momentos más densos hasta los más ligeros, logrando que la audiencia se sienta parte de la conversación.

La obra no habla solo de envidia; habla de identidad. De lo que ocurre cuando una pareja deja de mirarse a sí misma para comenzar a medirse con el termómetro de otros.

Nicolás vive atrapado entre la admiración y la competencia, mientras Liza se debate entre sostener la imagen de estabilidad o confrontar una verdad que duele. Esa tensión interna es el verdadero motor dramático del montaje.

El trabajo de dirección de Judith Rodríguez apuesta por la intimidad. No hay artificios innecesarios; la escenografía y el diseño de luces acompañan sin distraer, reforzando la sensación de estar espiando una conversación privada. Esa cercanía incomoda… y precisamente ahí radica su fuerza.

“Los Amigos de Ellos Dos” termina siendo un espejo social: una crítica sutil a la cultura de las apariencias, al matrimonio como vitrina y a la constante necesidad de validación externa. Nos recuerda que compararse puede ser más destructivo que cualquier conflicto explícito.

Más que una obra sobre cuatro amigos, es una obra sobre dos personas intentando sostener lo que ya no encaja.

Y eso, en tiempos donde todo parece perfecto en la superficie, resulta profundamente vigente.

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