Producciones Panda Rosa regresó a las tablas con “Paradiso”, una comedia dramática que, durante poco más de 90 minutos, conduce al espectador por una montaña rusa de emociones: de las carcajadas provocadas por las ocurrencias de sus personajes, hasta esos momentos en los que el silencio de la sala parece decir más que cualquier diálogo.
La historia transcurre en un hogar de adultos mayores llamado Paradiso, donde un grupo de residentes, con personalidades completamente distintas, comparte sus días entre recuerdos, discusiones, ocurrencias y momentos de complicidad. Todo comienza durante el funeral de uno de los residentes, acontecimiento que sirve como punto de partida para hablar sobre la muerte, la soledad, la memoria, el abandono, la amistad y el inevitable paso del tiempo.
Y es precisamente ahí donde la obra encuentra uno de sus mayores aciertos: hablar de temas difíciles sin renunciar al humor.n
Jean Villanueva, conocido como “El Panda”, y Rosa Aurora están al frente de esta producción, con la que Panda Rosa vuelve a los escenarios después de una pausa. La compañía ha desarrollado anteriormente propuestas como “Clú”, “Gordos” y “Divorciados”, manteniendo una línea de trabajos originales que buscan entretener al público, pero también abrir conversaciones.
En “Paradiso”, la idea original corresponde a Jean Villanueva, quien además escribió el libreto junto a Nicolás Hernández. La dirección está a cargo de Villanueva y Rosa Aurora.
Un elenco que sostiene la historia
El elenco es una muestra de la diversidad y riqueza del teatro dominicano, con interpretaciones que logran darle identidad propia a cada uno de los residentes de Paradiso.
Laura Leclerc ofrece una actuación destacada como Ismenia, un personaje cuya historia consigue convertirse en uno de los puntos más emotivos del montaje. Su interpretación es de esas que trascienden la risa y terminan instalándose en la memoria del espectador.
Luis del Valle se mete en la piel de Quililo, uno de los personajes más cómicos de la obra, pero cuya presencia también permite evidenciar algunas de las realidades que atraviesan los adultos mayores.
Chabela Estrella da vida a la devota Milagritos, una mujer que encuentra refugio constante en la oración y que, desde su particular manera de enfrentar las situaciones, aporta tanto humor como humanidad a la historia.
Por su parte, Miltón Cordero, “Lechuga”, interpreta a Feria, un hombre en silla de ruedas y de carácter fuerte, encargado de provocar buena parte de las risas con un humor directo, irreverente y cargado de ocurrencias.
Gracielina Olivero y Bernardita García demuestran que la experiencia sobre las tablas no se improvisa con Ilsa y Jeannette, dos personajes que desde sus primeras apariciones consiguen hacerse sentir dentro de la dinámica del hogar.
Calú de la Huerga y Miguel Lendor, “Papachín”, también encuentran su espacio para destacar como la multifacética Fredesbinda y el pintoresco Lalo, personajes que aportan movimiento y espontaneidad a la narración.
Frank Ceara, asume tres personajes completamente diferentes y logra construir personalidades distinguibles entre sí. Desde la bondad de un sacerdote, pasando por los matices antagónicos del dueño de Paradiso, hasta las ocurrencias de un hombre humilde dispuesto a aportar a la causa, Ceara demuestra nuevamente su versatilidad sobre las tablas.
Irma García regresa al teatro, esta vez, sobre el escenario como la noble y siempre atenta doctora Lluberes, quien permanece cercana a los residentes y dispuesta a ayudarlos y que fue, desde luego de las participaciones más interesantes.

Naishme de los Santos y Hey Santana, como Marta Jenny y Gringo, aportan dinamismo, energía y jocosidad, mientras que Lauren Molina, como Vera Lucia, se suma a la lucha para evitar que Paradiso cierre sus puertas.


Más que una historia sobre la vejez
Pero “Paradiso” funciona más allá de las situaciones cómicas y de las características particulares de sus personajes.
La obra coloca sobre la mesa una realidad que muchas veces la sociedad prefiere no mirar: envejecer es inevitable, pero hacerlo sintiéndose olvidado no debería serlo.
A través de sus personajes, el montaje invita a pensar en esos adultos mayores que, después de dedicar buena parte de sus vidas a sus familias, terminan enfrentando la soledad o el abandono. También recuerda que detrás de cada persona mayor existe una historia, una familia, recuerdos, sueños y una vida que merece ser escuchada y valorada.
Y quizá ese sea el mayor golpe emocional de “Paradiso”: mientras el público ríe con las ocurrencias de sus protagonistas, poco a poco comienza a reconocer que muchas de esas situaciones tienen un trasfondo profundamente humano.
La nostalgia aparece entonces como una especie de personaje invisible. Está presente en los recuerdos, en las conversaciones, en las pérdidas y en la necesidad de sentirse acompañado.
La propuesta de Panda Rosa no busca presentar a sus personajes únicamente desde la vulnerabilidad de la vejez. Por el contrario, los muestra con deseos, carácter, sentido del humor, conflictos, amistades y ganas de seguir viviendo. Son adultos mayores, pero antes que nada son personas con historias que todavía tienen mucho que contar.
A esto se suma el componente social de la producción, que destina parte de los fondos recaudados a la Fundación Jompéame para apoyar iniciativas y causas en favor de las personas mayores. De esta manera, el mensaje de la obra intenta trascender el escenario.
“Paradiso” termina dejando una pregunta que probablemente cada espectador responde de manera diferente: ¿qué estamos haciendo hoy por las personas que algún día seremos nosotros?
Y cuando las luces se apagan, queda claro que la obra no habla solamente de quienes están en Paradiso. También habla de nosotros, de nuestros recuerdos, de nuestros padres y abuelos, del paso del tiempo y de la importancia de acompañar mientras todavía estamos a tiempo.




